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Terra
La Coctelera

recuerdo

Te veo ahí, en aquel lugar, que a pesar del tiempo inmutable esta, solo quería recordarte, ¿sabes?, es tan difícil lidiar con la soledad, casi insoportable, pero eso nadie lo sabe, ya conoces esa vieja manía de aparentar fuerza e indiferencia, pero ese día te encontré, entre fotos algo roídas y amarillas, acompañadas de esos recuerdos, lo suficientemente dolorosos para tratar de olvidarlos, demasiado vividos para un simple ensueño, con un viento lejano tus ultimas palabras en mis oídos, y mas no pude aguantarlas, rabiosas saltaron a un desierto olvidado.

Tocaste la puerta, por un instante creí que moría, pero no tuve tanta suerte. Tan solo era la vieja vecina de en frente, nuevamente espantando al gato blanco, con esas chanclas de plástico, que constantemente chocan contra mi puerta. Y de nuevo, divagando me encuentro, facilidad que poseo, si, para salir de esos pensamientos inoportunos.

Minutos después, nuevamente sonidos en mi puerta, pero esta vez si eres tú, llegas nuevamente, con esa mirada pérdida, y esa sonrisa algo entristecida, tu cabello, tal cual años pasados, igual de negro, igual de desordenado, pasas a la sala, sin invitación alguna, pero esta mi casa, es tan casa tuya… una taza de te sobre la mesa, ahora reposa en tus manos, costumbre que nunca te pude quitar… me doy cuenta que ella tampoco lo logro, el te, quien podría imaginarlo, tu gran adicción.

Las palabras brotan de tus labios, me haces hablar de tiempos pasados, nuevamente, el plan ha fallado, no te puedo mentir, no te puedo decir que estoy bien, mis ojos te dicen la verdad. Y te odio, te odio por ser el único que logra sacarme la verdad, y me odio, por ser tan débil ante ti, sujetas mis manos, como pidiendo perdón, y simplemente no sabes que decir… yo también te conozco, como puedes ver…

Sudorosa, con la frente helada, despierto entre mis sabanas, recordando desconcentrada, deseando que realmente sean sueños lo que golpean mis memorias… bajo lentamente mis pies, a las losas frías, un torbellino pasa por mi mente, no recuerdo haberme puesto las pijamas, huele a… a… ¿a te de menta? … quien estará en la sala, la TV esta encendida. Nadie responde a mis preguntas, creo que me estoy volviendo loca.

Llegando al final del pasillo, finalmente una voz melosa responde, tan extraño, no recuerdo haber dejado entrar a nadie al apartamento, con pasos pausados finalmente llego a la sala, y ahí, estas tu, inmaculado, tan perfecto, como para no olvidarlo, tus piernas cruzadas sobre la mesita, tu mano sostiene una taza de te, y tranquilamente miras las noticias de las 9, ¿serás tangible?, o eres simplemente un fantasma del pasado que llega para atormentarme. Hablas como si el pasado nunca hubiera trascurrido, me siento a tu lado.

Creo que finalmente la locura ha ganado, tus labios se posan en mi cuello, y tu respiración me hace reaccionar, todo ha sido un sueño. Bajo de la cama, no lo puedo creer, todo tan vivido, todo tan real, todo tan normal, corro directo a la sala, mientras voy pensando, y nada, no hay nadie, la sala vacía, sin te en la mesita… nuevamente son las 3 de la madrugada, no me queda otra que sentarme en el sofá y leer ese viejo libro que se encuentra bajo la mesita, pensando, me digo a mi misma que nunca ha de funcionar.

Una voz masculina y juvenil me dice al oído: repítelo cuantas veces sea necesario, y aun así, no lo has de creer, querida, no te mientas, lo nuestro pudo funcionar…

Era extraño


Era extraño, ¿sabes?, después de tanto tiempo, huir se hizo costumbre y aunque te veía, no te encontraba, y empecé a creer que por fin todo había cambiado, pero al paso de unos días, me encontraste, y llore como nunca, la ira, la melancolía, la tristeza, todas, regresaron de nuevo, y me golpearon como nunca antes, de manera inesperada y repentina, sin previo aviso, sin dar siquiera una señal, al igual que tu. Regresaron.
Pero luego lo recordé, nunca se marcharon, estaban ahí, debajo de la cama, aguardando el momento más idóneo para regresar, lo habían planeado, mis pupilas no aguantan la presión, ya es hora de que salga, mi mente juega nuevamente las bromas más despiadadas jamás vistas, y, tal desesperación, empieza a devorar mis neuronas. Ya no podía contenerme, mis lágrimas empezaron a brotar, solo una figura en mi mente, solo un último deseo, el calor
humano entre mis brazos, eso era lo que quería, un abrazo, el tacto, el roce de tus dedos sobre mi cara, pero nadie a quien recurrir.
Y ahí, finalmente regreso, orgullo, ya esta aquí. Con la mirada mas altiva que nunca, y ojos tan secos como un desierto salieron de mi garganta, sin mas ni mas.
De nuevo, otra pesadilla me roba el sueño, despertarse para preparar café lo único que procesaba la mente, y regresar a la rutina, veo el reloj del móvil, marca las cuatro treinta, ya da igual, ha pasado antes, y sabes que lo mejor es coger un libro , y empezar a leer